Todos tenemos nuestro propio baúl de los recuerdos, Disco Espinetegeneralmente se crea poco a poco, trocito a trocito, recopilando con el paso del tiempo aquellos objetos que siempre nos harán recordar momentos puntuales de nuestra vida, o épocas del pasado que nunca volverán.

Yo tengo dos tipos de baúles: el primero, más convencional, que consiste en un conjunto de objetos que, aunque no estén reunidos, conservo en algún lugar de la casa, y que me hacen volver, por unos segundos, al momento en el que controlaron mi vida. Un perrito de peluche, las cartas que antes escribíamos, mi diario, una agenda escolar, el uniforme del colegio firmado por mis compañeros, unas fotos en papel, la camiseta recuerdo de un viaje inolvidable, una moneda de diez céntimos en el bolsillo de un chándal, un frasco de colonia casi vacío pero que aún conserva su aroma, muchos e-mails, una piedra azul robada de la decoración de un restaurante, un pez rosa, un decisiómetro, un CD, unos cuantos chupa-chups.

Y el segundo, menos palpable, que se crea en mi mente unos segundos y después desaparece para quedar en mi memoria y volver en otro tiempo. Éste sale a la luz con pequeños detalles, imágenes, gestos, olores, palabras… Y no podré nunca definir su magnitud. Quemarme con el agua de la ducha, el olor de los canelones caseros, el sonido del gallo que hay dentro del despertador, jugar a la goma, una sesión de fotos, los niños al salir del colegio, ver a los adolescentes hablando en un banco, un gusano verde, el disco de Espinete, los dibujos animados, una cena de antiguos alumnos, un partido de voleibol, las explicaciones de mi sobrino, un disfraz de adivina, una excursión a la montaña, una partida de mus.

Me gusta recordar y me gustan los recuerdos inesperados. Si llega alguno a tu vida no dejes pasarlo, quizá no vuelvas a tener la oportunidad de disfrutar de nuevo de él.